[[filosofia:trabajofinal1984_ajedrez]]

AJEDREZ

I
En su grave rincón, los jugadores
Rigen las lentas piezas. El tablero Los demora hasta el alba en su severo
Ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores Las formas: torre homérica, ligero Caballo, armada reina, rey postrero,
Oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido
Cuando el tiempo los haya consumido,
Ciertamente no habrá cesado el rito.

En el oriente se encendió esta guerra
Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra,
Como el otro, este juego es infinito.

II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
Reina, torre directa y peón ladino
Sobre lo negro y blanco del camino
Buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
Del jugador gobierna su destino,
No saben que un rigor adamantino
Sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(La sentencia es de Omar) de otro tablero (1)
De negras noches y de blancos días.
Dios mueve al jugador y éste, la pieza.

¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonía?

Jorge Luis Borges

Notas para tener en cuenta:

Capitulo VII:

Era la solitaria hora de las quince. Winston no podía recordar ya por qué había entrado en el café a esa hora. No había casi nadie allí. Una musiquilla brotaba de las telepantallas. Los tres hombres, sentados en un rincón, casi inmóviles, no hablaban ni una palabra. El camarero, sin que le pidieran nada, volvía a llenar los vasos de ginebra. Había un tablero de ajedrez sobre la mesa, con todas las piezas colocadas, pero no habían empezado a jugar. Entonces, quizá sólo durante medio minuto, ocurrió algo en la telepantalla. Cambió la música que tocaba. Era dificil describir el tono de la nueva música: una nota burlona, cascada, que a veces parecía un rebuzno. Winston, mentalmente, la llamó «la nota amarilla».

Y la voz de la telepantalla cantaba:

Bajo el Nogal de las ramas extendidas

yo te vendí y tú me vendiste.

Allí yacen ellos y aquí yacemos nosotros.

Bajo el Nogal de las ramas extendidas.

Los tres personajes no se movieron, pero cuando Winston volvió a mirar la desvencijada cara de Rutherford, vio que estaba llorando. Por vez primera observó, con sobresalto, pero sin saber por qué se impresionaba, que tanto Aaronson como Rutherford tenían partidas las narices.

Un poco después, los tres fueron detenidos de nuevo. Por lo visto, se habían comprometido en nuevas conspiraciones en el mismo momento de ser puestos en libertad. En el segundo proceso confesaron otra vez sus antiguos crímenes, con una sarta de nuevos delitos. Fueron ejecutados y su historia fue registrada en los libros de historia publicados por el Partido como ejemplo para la posteridad. Cinco años después de esto, en 1973, Winston desenrollaba un día unos documentos que le enviaban por el tubo automático cuando descubrió un pedazo de papel que, evidentemente, se había deslizado entre otros y había sido olvidado. En seguida vio su importancia. Era media página de un Times de diez años antes —la mitad superior de una página, de manera que incluía la fecha— y contenía una fotografía de los delegados en una solemnidad del Partido en Nueva York. Sobresalían en el centro del grupo Jones, Aaronson y Rutherford. Se les veía muy claramente, pero además sus nombres figuraban al pie.

PARTE 2

CAPITULO I

n la cantina, se marchó al Centro a toda prisa, participó en las solemnes tonterías de un «grupo de polemistas», jugó dos veces al tenis de mesa, se tragó varios vasos de ginebra y soportó durante una hora la conferencia titulada «Los principios de Ingsoc en el juego de ajedrez». Su alma se retorcía de puro aburrimiento, pero por primera vez no sintió el menor impulso de evitarse una tarde en el Centro. A la vista de las palabras Te quiero, el deseo de seguir viviendo le dominaba y parecía tonto exponerse a correr unos riesgos que podían evitarse tan fácilmente. Hasta las veintitrés, cuando ya estaba acostado en la oscuridad, donde estaba uno libre hasta de la telepantalla con tal de no hacer ningún ruido— no pudo dejar fluir libremente sus pensamientos.

Una angustia febril se apoderó de él al pensar que pudiera perderla, que aquel cuerpo blanco y juvenil se le escapara. Lo que más temía era que la muchacha cambiase de idea si no se ponía en relación con ella rápidamente. Pero la dificultad física de esta aproximación era enorme. Resultaba tan difícil como intentar un movimiento en el juego de ajedrez cuando ya le han dado a uno el mate. Adondequiera que fuera uno, allí estaba la telepantalla. Todos los medios posibles para comunicarse con la joven se le ocurrieron a Winston a los cinco minutos de leer la nota; pero una vez acostado y con tiempo para pensar bien, los fue analizando uno a uno como si tuviera esparcidas en una mesa una fila de herramientas para probarlas.

PARTE 3

Capitulo IV

Nunca las nombraba, ni siquiera en sus más recónditos pensamientos. Era algo de que Winston tenía una confusa conciencia, un olor que llevaba siempre pegado a la nariz. La ginebra le hizo eructar. Había engordado desde que lo soltaron, recobrando su antiguo buen color, que incluso se le había intensificado. Tenía las facciones más bastas, la piel de la nariz y de los pómulos era rojiza y rasposa, e incluso su calva tenía un tono demasiado colorado. Un camarero, también sin que él se lo hubiera pedido, le trajo el tablero de ajedrez y el número del Times correspondiente a aquel día, doblado de manera que estuviese a la vista el problema de ajedrez. Luego, viendo que el vaso de Winston estaba vacío, le trajo la botella de ginebra y lo llenó. No había que pedir nada. Los camareros conocían las costumbres de Winston. El tablero de ajedrez le esperaba siempre, y siempre le reservaban la mesa del rincón. Aunque el café estuviera lleno, tenía aquella mesa libre, pues nadie quería que lo vieran sentado demasiado cerca de él. Nunca se preocupaba de contar sus bebidas. A intervalos irregulares le presentaban un papel sucio que le decían era la cuenta, pero Winston tenía la impresión de que siempre le cobraban más de lo debido. No le importaba. Ahora siempre le sobraba dinero. Le habían dado un cargo, una ganga donde cobraba mucho más que en su antigua colocación.

Estudió el problema de ajedrez y colocó las piezas. Era un final ingenioso. «Juegan las blancas y mate en dos jugadas.» Winston miró el retrato del Gran Hermano. Las blancas siempre ganan, pensó con un confuso misticismo. Siempre, sin excepción; está dispuesto así. En ningún problema de ajedrez, desde el principio del mundo, han ganado las negras ninguna vez. ¿Acaso no simbolizan las blancas el invariable triunfo del Bien sobre el Mal? El enorme rostro miraba a Winston con su poderosa calma. Las blancas siempre ganan.

A Winston le latió el corazón con más rapidez. Seria el comunicado del frente; su instinto le dijo que habría malas noticias. Durante todo el día había pensado con excitación en la posible derrota aplastante en África. Le parecía estar viendo al ejército eurasiático cruzando la frontera que nunca había sido violada y derramándose por aquellos territorios de Oceanía como una columna de hormigas. ¿Cómo no había sido posible atacarlos por el flanco de algún modo? Recordaba con toda exactitud el dibujo de la costa occidental africana. Cogió una pieza y la movió en el ajedrez. Aquél era el sitio adecuado. Pero a la vez que veía la horda negra avanzando hacia el Sur, vio también otra fuerza, misteriosamente reunida, que de repente había cortado por la retaguardia todas las comunicaciones terrestres y marítimas del enemigo. Sentía Winston como si por la fuerza de su voluntad estuviera dando vida a esos ejércitos salvadores. Pero había que actuar con rapidez. Si el enemigo dominaba toda el África, si lograban tener aeródromos y bases de submarinos en El Cabo, cortarían a Oceanía en dos. Esto podía significarlo todo: la derrota, una nueva división del mundo, la destrucción del Partido. Winston respiró hondamente. Sentía una extraordinaria mezcla de sentimientos, pero en realidad no era una mezcla sino una sucesión de capas o estratos de sentimientos en que no se sabía cuál era la capa predominante.

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  • Última modificación: 2008/05/22 00:00
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