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Trabajo y Vocación, Parte de una Concepción Ética de la Vida

Deseo empezar este texto con una pregunta hacia mi mismo, es posible realmente elegirse a uno mismo y recrear ciertos momentos que expresa Kierkegaard en sus tratados sobre ética? en ocasiones pienso que si, que es necesario creer en una existencia de alguna manera moderada que de calma a nuestro espíritu, en este caso seriamos Héroes de nuestra propia existencia, está que todo el tiempo esta marcada por la preferencia estética facilista que encontramos al voltear por cada esquina, poder determinar una existencia que supere lo inmediato, lo superficial es objeto del cual deberíamos ocuparnos tal ves solo por salud mental.

En este texto trato de exponer los conceptos de trabajo y vocación, como parte de la tarea ética que el personaje “B” ha tratado de mostrarnos en esta carta; debo aclarar que muchos de los “consejos”, por decirlo de alguna manera, que Kierkegaard expresa en esta parte del texto están marcados, desde mi punto de vista, por un conformismo justificado en pro del lugar que ocupa cada persona en el mundo; es decir, se propone la aceptación de las condiciones en las que vivimos aunque no se propone que éstas no puedan superarse, más bien creo que dice que, si no logras superarlas no debe esto generar angustia.

El trabajo y la vocación es el medio por el cual tratamos de salir o superar las condiciones en las que nacemos, utilizando estos medios tratamos de mejorar nuestra calidad de vida, aunque éste no es tema de la exposición, lo pongo aquí como algo que Kierkegaard expresa de manera implícita. El hecho de no poder mejorar nuestra calidad de vida debe llevar a una aceptación que no genere desesperación, esta aceptación debe estar relacionada con la elección del sí mismo, y debe formar parte de la tarea inacabable de la formación del individuo ético.

En esta parte de la carta, dirigida al Esteta, encontramos una reflexión donde se introducen los siguientes personajes: encontramos un Héroe, que no es más que una persona normal, un individuo que se ha elegido a sí mismo y tiene alguna preguntas sobre la buena vida; encontramos “algunos estetas” que responden a la pregunta de nuestro héroe, y un personaje que responde en palabras del ético sobre la actitud que debe tomarse frente al trabajo.

Tratare en este texto el sentido ético del trabajo y la vocación, pero primero debo expresar cómo concibe el trabajo la persona a quien va dirigida esta carta: nuestro personaje esteta o más bien los estetas, consideraran el trabajo en el sentido de un medio para un fin, si este medio impide la vida estética será entonces un obstáculo para vivir; se ve el trabajo del hombre común como una especie de condena ya que sólo sirve como un método de sobrevivencia; la vida estética está marcada por el factor dinero, consideran una “desgracia” que para vivir una vida estética, sea necesario tener dinero.

En primer lugar, la visión del trabajo de los estetas quienes intentan guiar a nuestro personaje; ellos expresan que el dinero le permitiría todo tipo de lujos y placeres; en la vida estética se busca el trabajo “perfecto”, un trabajo que permita continuar con la superficialidad de la vida, que permita vivir sin mayores complicaciones y sin sufrir la problemática de la necesidad del hombre común, es decir, un trabajo que sea algo más que ganarse la vida, o tener sólo para comprar el pan, nos dice el ético, que esta concepción de la vida puede ser muy cruel, ya que niega todo placer en la vida a quien no tiene dinero.

Los consejos que da el esteta a la persona que pregunta cómo vivir siempre estarán encaminados a encontrar la manera de conseguir dinero para poder tener placer en la vida, o más bien, los medios que deben tenerse para encontrar el placer y poder vivir bien en sentido estético, exento de toda responsabilidad y de todo deber; se presenta lo superfluo como una forma de vida, esto es algo que ya se ha tratado en el curso, el trabajo en el estadio estético no debe impedir el goce, es por eso que se rechaza el trabajo y si no es indispensable trabajar se debe rechazar el trabajo para conseguir dinero, es el consejo de un esteta a nuestro héroe, consejo que el ético rechazará porque responde a la inmediatez y no a una vida representada por el deber, es deber de todo hombre trabajar, pero debemos preguntarnos entonces ¿qué es el deber en este contexto?

El deber es lo universal, lo general. Esta dualidad de lo universal y lo general se expresa de esta manera, ya que el deber es parte de la elección del sí mismo. Tal como el individuo que ha escogido lo real y lo ideal, lo real incluye la situación concreta, de esta forma, el hombre se hace universal en lo habitual de cada día; así mismo, el deber se hace universal en la medida que cumpla con los deberes de cada día, de lo concreto, de las acciones, de lo habitual.

La ética expresa lo general, el trabajo se expresa como un deber del individuo ético, es un deber que surge de la elección del sí mismo, es un deber interior; de esta manera el deber surge de sí mismo, de un sujeto que ha elegido una existencia que deviene y que se da en el ser consciente del sí mismo. Se nos dirá pues, que es deber de todo hombre tener un trabajo, elegir una vocación, casarse y tener hijos.

Al considerar la propia misión existencial de encarnar lo universal aparece el deber personal de trabajar. El trabajo expresa lo universal, todo hombre debe trabajar y al mismo tiempo el trabajo nos hace libres. La reflexión de Kierkegaard sobre el trabajo presenta elementos muy interesantes, y evidencia una visión muy positiva de la actividad laboral. El trabajo no es sólo una necesidad para poder satisfacer las necesidades más elementales de la vida humana. El ideal de la vida no es librarse del trabajo, como si se tratara de una triste esclavitud.

“Cuanto más bajo es el nivel en el que se encuentra la vida humana, más bajo queda aún la necesidad de trabajar; cuanto más alto sea ese nivel de vida, con mayor fuerza aparecerá esa necesidad. Este deber de trabajar para vivir expresa lo que es común al género humano, y expresa también, en otro sentido, lo universal, porque expresa la libertad. Precisamente trabajando el hombre se hace libre, trabajando se convierte en señor de la naturaleza, trabajando demuestra que es superior a la naturaleza”.

El trabajo pone de manifiesto la libertad, y por eso, la posibilidad de trabajar es una expresión de la perfección del ser humano. Pero una expresión todavía más elevada de esta perfección, es el hecho de que el hombre no sólo pueda trabajar, sino que deba trabajar. El deber de trabajar es también el deber de desarrollar la potencialidad que todo hombre posee. Se puede gozar de un talento artístico sublime, o se puede estar en posesión de una habilidad más modesta. Pero en la esfera de lo ético esto es accidental. Lo que importa es que cada hombre tiene una función que realizar en esta vida, tiene una vocación específica, tiene, en otras palabras, una misión; “El talento más elevado tiene una tarea, y el individuo que la posea no puede perder de vista la realidad, él no está al margen de todo lo que es común al género humano, porque su talento es una tarea. Hasta el individuo más insignificante tiene una tarea, no debe ser rechazado, no deber ser obligado a vivir en igualdad con los animales, él no está como al margen de las cosas que son comunes al género humano, él tiene una tarea“.

La tarea personal se concreta en el trabajo según la propia capacidad, sin hacer distinciones entre un trabajo más digno que otro, más sofisticado o más vulgar: el trabajo de cada individuo cubrirá sus necesidades vitales pero además y sobre todo, en el trabajo el individuo encontrará “una expresión más significativa de la relación que tiene ese trabajo con su personalidad: es su propia misión, cuya puesta en práctica está unida a la actualización de toda su personalidad; y paralelamente ha encontrado una expresión más significativa de la relación existente entre su trabajo y el resto de las personas, porque al ser su trabajo su tarea, así, es verdad, se encuentra en su sitio en lo que se refiere a lo esencial, permaneciendo al mismo nivel que el resto de los hombres: él hace, en resumen, con su trabajo exactamente lo mismo que cualquier otro, cumple con su tarea. Él exige que esto le sea reconocido, ni más ni menos, porque ¡esto es lo absoluto!”.

La tarea personal, identificada con el trabajo, manifiesta que “existe un orden racional de las cosas, en el que cada hombre, a no ser que no quiera, ocupa su lugar correspondiente de manera que haciendo sólo eso, manifiesta lo que es común al género humano y lo que es de cada individuo”.

La tarea personal da continuidad a la vida ética: la misión le da un sentido a la existencia humana, y era eso precisamente lo que faltaba en el estadio estético de existencia. Esta continuidad de la vida, esta tensión hacia el propio telos, que consiste en el cumplimiento del deber universal especificado en una misión, hace posible que un hombre común, sin especiales dotes ni talentos, pueda convertirse en un héroe de la vida ordinaria. Así, con la palabra héroe, Kierkegaard define al hombre ético ordinario: pero hace falta de nuestra parte, poner mucho coraje para cumplir con lo ordinario, y aquél que demuestra tener mucho coraje es sin duda un héroe…

Para poder calificar a alguien como héroe no se debe tener en cuenta lo que hace, sino más bien, cómo lo hace. Uno podría conquistar reinos y países sin llegar a ser un héroe, y otro que dominara su estado de ánimo podría demostrar, en cambio, que sí lo es. Uno podría demostrar su valentía haciendo lo extraordinario, otro haciendo lo ordinario. La cuestión está como siempre en cómo lo hacen.

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  • Última modificación: 2007/11/27 00:00
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